La investigación

Cuatro años en archivos. Un solo nombre.

Documento de archivo 1
Documento de archivo 2
Documento de archivo 3

Esta novela nació de un documento.

En 2018, investigando la historia de mi familia, encontré unas actas del cabildo de Tenerife de 1573 en las que se elegía Alcaide del Castillo de Santa Cruz. En ella uno de los asistentes denunciaba que el elegido, Juan de Ascanio, había afirmado provenir de un lugar de Navarra que agora está en el Reyno de Franzia.

La historiografía canaria, heredera de la gaditana, había asumido que los Ascanio eran una familia de origen genovés, llegada a Cádiz con la oleada de comerciantes ligures del siglo XV. Pero ante mis ojos tenía a un Ascanio —nieto de los que cruzaron a Canarias en 1495— afirmando otra cosa. Y lo hacía cuando hacerlo solo podía perjudicarle.

Tiré del hilo. Busqué en todos los archivos. Primero todos aquellos que decían que era genovés. Solo aportaban pruebas circunstanciales basadas en su condición de regidor gaditano. Ninguno hablaba de sus hermanos. Luego los canarios, donde los académicos verbalizaban dudas sobre ese origen ligur. Pero allí encontré noticias de sus hermanos Galíndez. Y todos los historiadores afirman que los Galíndez de Cádiz del siglo XV eran familia antigua en la ciudad. Seguí tirando del hilo.

En el Archivo General de Navarra localicé una ejecutoria de 415 folios, fechada en 1734, que recogía la demanda de los descendientes canarios para reclamar el uso de escudo de armas. Dentro de ese legajo había una carta de 1505 — firmada por Juan de Agorreta — en la que se donaba el escudo de armas del Palacio de Agorreta a Juan Bautista de Ascanio, como primo y descendiente del mismo. El mismo palacio cabo de armería que aparece en los libros de armería del Reino de Navarra. Firmaba como testigo un Thomas de Agorreta, clérigo. Ambos Agorretas están documentados como históricos poseedores del Palacio.

En marzo de 2026 viajé a Pamplona para consultar los 415 folios originales. Lo que encontré confirmó la tesis y añadió capas que no esperaba: un juicio en Santesteban de Lerín, declaraciones de testigos que confirmaban su estancia y la de sus hermanos en Cádiz, y una cadena genealógica completa que arranca en Martín Ochoa de Gaztelu, merino de las montañas de Navarra en 1340.

Detalle de documento original

La novela cuenta esa historia. No como tesis, sino como lo que fue: la vida de un hombre que cruzó de un mundo a otro y dejó un rastro de papel que tardó quinientos años en ser leído.


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